Katherina Veliz, directora del Colegio Santo Tomás de La Pintana
Para Katherina Veliz, directora del Colegio Santo Tomás de La Pintana, educar es cuidar la curiosidad natural de los niños y transformarla en oportunidades. En su mirada, la formación integral tiene tres pilares clave: vínculo, altas expectativas y la convicción de que todos pueden aprender. Sueña con que cada estudiante encuentre en su escuela un lugar donde descubrir quién es, desarrollar sus talentos y entender que tiene algo valioso que aportar al mundo
Katherina Veliz lleva más de 13 años liderando la comunidad del Colegio Santo Tomás de La Pintana, perteneciente a la Red de Colegios CEAS. La directora encabeza con cercanía y compromiso un proyecto educativo que acoge a 433 estudiantes y que, bajo su liderazgo, ha logrado significativos avances. En el último SIMCE, el 4° básico subió 33 puntos en Matemática y 30 en Lectura.
La conocimos en el conversatorio "El relato contagia", organizado por Comunidad por la Niñez, donde compartió las claves detrás de esta transformación: construir espacios seguros y acogedores, usar datos y evidencia con rigor, instalar una cultura de altas expectativas y, sobre todo, hacer que cada niña y niño sepa que cuando falta, alguien lo nota y se lo dice. La asistencia no es solo un número en una planilla —es un símbolo de pertenencia— y por eso involucran a las familias en ese compromiso: tanto los estudiantes como los apoderados son reconocidos cuando están presentes.
- ¿Qué significa para ti aprender?
Aprender es un proceso profundamente humano y permanente. Es mucho más que adquirir contenidos, es desarrollar habilidades que nos permiten comprender el mundo, relacionarnos con otros y descubrir quiénes somos. Aprender nace de la curiosidad, de esa necesidad natural que tienen los niños y niñas de preguntar, explorar y entender lo que los rodea.
Creo que la educación tiene la misión de cuidar esa curiosidad y transformarla en oportunidades. Cuando un estudiante siente que puede equivocarse, volver a intentarlo y seguir creciendo, el aprendizaje se vuelve significativo y transforma vidas.
- ¿Qué experiencia de aprendizaje recuerdas hasta hoy y por qué te marcó?
Recuerdo con mucho cariño mis años de estudio desde séptimo a cuarto medio en el Liceo 7. Lo que más me marcó fue compartir con niñas que venían de distintas realidades y lugares de Santiago. Esa diversidad era muy enriquecedora, porque nos permitía mirar el mundo desde distintas experiencias y aprender unas de otras.
También recuerdo a profesores muy comprometidos, que preparaban sus clases con dedicación y nos transmitían el deseo de aprender. Éramos muchas jóvenes con ganas de salir adelante, de construir un futuro y aportar positivamente a la sociedad. Esa experiencia me hizo entender que la educación no solo entrega conocimientos, también abre caminos, crea vínculos y despierta sueños.
- ¿Qué ámbito educativo te parece más relevante potenciar en las y los estudiantes para que enfrenten el futuro?
Sin duda, la formación integral. Hoy necesitamos formar personas con conocimientos, pero también con valores, empatía, pensamiento crítico y capacidad de convivir con otros. En nuestros colegios creemos profundamente en una educación donde cada estudiante descubra sus talentos y los ponga al servicio del bien común. La diferencia no la hace solamente el rendimiento académico, sino también la manera en que aprendemos a convivir, a dialogar y a construir comunidades donde todos se sientan incluidos y valorados. Por eso en los 11 colegios CEAS trabajamos mucho la formación valórica, las habilidades socioemocionales y la mentalidad de crecimiento, para que los estudiantes entiendan que pueden seguir desarrollándose y superando desafíos.
- ¿Qué ingredientes mezclarías para diseñar un aula que active el aprendizaje y despierte la curiosidad de los estudiantes?
Primero, un ambiente seguro y acogedor, donde los estudiantes sientan que pueden participar, preguntar y equivocarse sin miedo. La cultura del error es parte fundamental del aprendizaje. También incorporaría altas expectativas, porque cuando los niños sienten que creemos en ellos, comienzan a creer en sí mismos. Pero esas expectativas deben ir acompañadas de apoyo, cercanía y vínculo. Un aula activa necesita participación, mensajes positivos, escucha y espacios donde cada estudiante tenga la oportunidad de mostrarse y descubrir sus capacidades. Y algo muy importante: profesores que enseñen con cariño, con pasión y convencidos de que cada niño puede aprender.
- ¿Qué mensaje le darías a quienes están trabajando por mejorar la educación?
Que nunca pierdan el sentido profundo de lo que hacen. Educar transforma vidas y los profesores, educadoras, asistentes y directivos se convierten en referentes fundamentales para los estudiantes. Hoy necesitamos fortalecer los vínculos, trabajar en comunidad y confiar más en las familias. La alianza entre escuela y hogar es clave para que los niños puedan desarrollarse integralmente.
También es importante abrir espacios de reflexión y colaboración entre colegios, compartir experiencias y construir redes de apoyo. Hay muchos desafíos en educación —asistencia, convivencia, salud mental— y necesitamos políticas públicas claras y más recursos para enfrentarlos. Pero, sobre todo, necesitamos seguir educando desde la convicción de que todos los estudiantes pueden salir adelante cuando encuentran adultos que creen en ellos.
- ¿Qué mensaje le darías a las y los estudiantes?
Que crean en ellos mismos y en sus capacidades. Muchas veces el entorno puede hacerles pensar que ciertas metas son imposibles, pero la educación abre caminos y permite construir proyectos de vida. Les diría que aprovechen las oportunidades, que hagan preguntas, que se atrevan a equivocarse y volver a intentarlo. Cada aprendizaje, incluso los más difíciles, los ayuda a crecer.
Y también que nunca olviden que no están solos. En la escuela hay personas que creen en ellos, que quieren acompañarlos y ayudarlos a descubrir todo lo que pueden llegar a ser.
Como decimos muchas veces en nuestro colegio: los estudiantes van por buen camino cuando aprenden a crecer con esfuerzo, con valores y pensando también en el bienestar de los demás.
- ¿Qué sueñas para la educación en Chile?
Sueño con una educación que ponga un especial foco en la educación inicial, porque es en los primeros años donde se construyen las bases del aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral de las personas. Me gustaría que todos los niños y niñas tuvieran acceso a espacios educativos de calidad desde temprana edad, donde puedan descubrir sus talentos, desarrollar su curiosidad y construir confianza en sí mismos.
La educación tiene el poder de transformar vidas y de construir un país más justo. Por eso, mi sueño es que cada niño y joven de Chile encuentre en su escuela un lugar donde descubrir quién es, desarrollar sus talentos y comprender que puede aportar significativamente al mundo que lo rodea.