Evelyn Cordero Roldán, docente y doctora en Neurociencia: “Una buena experiencia educativa puede cambiar trayectorias vitales”

Habilidad / Actitud asociada
Entrevistado/a
Evelyn Cordero Roldán, neurocientífica y docente:

Evelyn Cordero es doctora en Neurociencia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, docente y directora ejecutiva de la Fundación Arrebol. 

¿Qué pasa en el cerebro cuando aprendemos? Para Evelyn Cordero, doctora en Neurociencia y directora ejecutiva de la Fundación Arrebol, esta es una pregunta central. En esta entrevista habla sobre curiosidad, creatividad y el rol de la escuela en abrir —o cerrar— la puerta al asombro, además de reflexionar sobre por qué una buena experiencia educativa puede cambiar el rumbo de una vida.

Evelyn Cordero, neurocientífica y docente
Evelyn Cordero, neurocientífica y docente

Evelyn Cordero es doctora en Neurociencia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, docente y directora ejecutiva de la Fundación Arrebol. Su investigación se centra en las dinámicas cerebrales de la creatividad. Ha sido parte de Congreso Futuro y otras instancias de divulgación científica, donde ha explorado cómo los hallazgos de la neurociencia pueden traducirse en estrategias concretas para fomentar la creatividad dentro de la sala de clases. 

Su vínculo con Educarchile no es nuevo: participó en el diseño del curso "Neurociencia y Educación" y en el podcast Aprendizaje para el Futuro, espacios desde los cuales ha relevado la importancia de promover una pedagogía basada en evidencia para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. En esta entrevista, explica profundiza en su visión sobre el aprendizaje y la relevancia de la creatividad en todos los ámbitos del conocimiento. 

•    ¿Qué significa para ti aprender? 
Aprender es mucho más que incorporar información. Es transformar la manera en que miramos el mundo, relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos, equivocarnos, volver a intentar y construir sentido. Para mí, aprender implica curiosidad, emoción, pensamiento crítico y vínculo: nadie aprende profundamente si no se siente convocado, desafiado y reconocido. Además, cuando la curiosidad está implicada, el aprendizaje adquiere una dimensión profundamente gozosa. La curiosidad, entendida como motivación intrínseca hacia el conocimiento, convierte la búsqueda de nuevas respuestas en una experiencia gratificante: aprender es, en sí mismo, una forma de recompensa.

•    ¿Qué experiencia de aprendizaje recuerdas hasta hoy y por qué te marcó? 
Recuerdo especialmente una clase de mi infancia en que una compañera preguntó algo que parecía obvio, pero que en realidad era una pregunta enorme: ¿por qué el cielo es azul? Al principio hubo risas, algo que era bastante habitual en esa época, pero que hoy miro con mucha preocupación, porque la burla inhibe justamente esas preguntas geniales que abren el aprendizaje.

La profesora, que era “una maestra”, detuvo las risas, validó la pregunta y la transformó en una oportunidad para pensar. Nos explicó de manera magistral que la luz del sol está compuesta por distintos colores y que, al entrar en contacto con la atmósfera, algunos se dispersan más que otros. 

Pero no se quedó solo en la explicación: nos invitó a experimentar. Así, observamos cómo la luz cambiaba al atravesar un medio distinto, algo similar a lo que ocurre cuando un haz de luz pasa por agua con unas gotas de leche o por partículas suspendidas: desde ciertos ángulos se ve más azulada, mientras que al recorrer un trayecto más largo puede verse anaranjada o rojiza. Así entendimos que el cielo no siempre se ve azul; a veces, al amanecer o al atardecer, se ve rojo, arrebolado.

•    ¿Qué ámbito educativo te parece más relevante potenciar en las y los estudiantes para que enfrenten el futuro? 
Creo que debemos potenciar la creatividad y el pensamiento crítico. La creatividad, entendida de manera rigurosa, es la capacidad de producir ideas o soluciones novedosas, pertinentes y valiosas frente a problemas o necesidades reales. Esta capacidad se vuelve especialmente relevante cuando los estudiantes deben enfrentar escenarios complejos, cambiantes o inciertos, donde no basta con repetir respuestas ya conocidas.

El pensamiento crítico, por su parte, es fundamental para analizar información, distinguir evidencia de opinión y tomar decisiones fundadas, sobre todo en un contexto donde la desinformación circula con mucha rapidez. No es casual que organismos como la OCDE y el Foro Económico Mundial releven la creatividad, el pensamiento crítico, la flexibilidad y la capacidad de aprender durante toda la vida como habilidades centrales para el futuro.

•    ¿Qué ingredientes mezclarías para diseñar un aula que active el aprendizaje y despierte la curiosidad de los estudiantes? 
Mezclaría preguntas auténticas, desafíos alcanzables, juego, conversación, tiempo para pensar y un ingrediente que me parece fundamental: evitar el spoiler académico. A veces, profesoras y profesores tenemos la mala costumbre de anticipar demasiado rápido aquello que las y los estudiantes podrían descubrir. Y no hay nada más desalentador que estar viendo una buena serie o leyendo un buen libro y que alguien nos cuente el final.  Con el aprendizaje pasa algo parecido. Si entregamos la respuesta antes de que aparezca la pregunta, apagamos una parte importante de la curiosidad. Por eso, un aula que activa el aprendizaje necesita rutas pedagógicas bien diseñadas, pero no completamente reveladas; experiencias que administren cierta incertidumbre, que inviten a explorar, equivocarse, elaborar hipótesis y construir sentido.  También agregaría un clima de confianza, donde preguntar no dé vergüenza, el error no sea castigado y las y los estudiantes se sientan protagonistas. La curiosidad florece cuando hay sorpresa, vínculo, desafío y espacio real para descubrir.

•    ¿Qué mensaje le darías a quienes están trabajando por mejorar la educación?
Les diría que su trabajo importa profundamente. La educación es un derecho humano habilitante, porque permite ejercer de mejor manera otros derechos, participar en la sociedad, comprender el mundo y proyectar una vida con mayores oportunidades. Por eso, quienes trabajan por mejorar la educación no solo están enseñando contenidos, gestionando escuelas o diseñando políticas: están resguardando un derecho fundamental. Sabemos que una buena experiencia educativa puede cambiar trayectorias vitales. Puede abrir posibilidades donde antes había límites, puede fortalecer la confianza de un estudiante, ampliar su lenguaje, despertar una vocación o permitirle imaginar un futuro distinto. Por eso, aunque el trabajo educativo muchas veces sea exigente, invisible o lento en sus resultados, tiene una relevancia enorme.

A quienes están en esa tarea les diría que no pierdan de vista ese sentido profundo: cada esfuerzo por construir mejores condiciones de aprendizaje, por cuidar el vínculo, por enseñar con rigor y por sostener comunidades educativas más justas es también una forma concreta de ampliar derechos y abrir futuro.

•    ¿Qué mensaje le darías a las y los estudiantes?
Les diría que traten de gozar la escuela y la posibilidad extraordinaria de aprender tantas cosas distintas: pasar de una clase de matemáticas a una de arte, de educación física a lenguaje, leer por gusto, conversar, discutir, debatir, trabajar en equipo y desarrollar proyectos. A veces, cuando estamos viviendo esa etapa, no alcanzamos a dimensionar todo lo que ese espacio ofrece.

Les diría también que intenten no reducir el aprendizaje a las notas. La evaluación es parte de la vida escolar, pero su sentido más importante no está en el número que finalmente aparece, sino en la información que entrega sobre el propio proceso: qué estoy comprendiendo, qué necesito volver a mirar, qué estrategias me sirven y cómo puedo seguir avanzando. Aprender tiene algo profundamente recompensante y gozoso cuando aparece la curiosidad: esa sensación de descubrir algo, de entender por fin una idea, de hacerse una pregunta nueva o de mirar el mundo de otra manera .Mi mensaje sería que busquen ese misterio profundo del aprendizaje, que se dejen tocar por la maravilla de conocer y que no pierdan la capacidad de asombro. La escuela no es perfecta, pero puede ser un lugar donde se abren nuevos y mejores mundos.

•    ¿Qué sueñas para la educación en Chile?
Sueño con una educación para todas y todos, pero no solo en el sentido de abrir las puertas de la escuela, sino de construir una escuela capaz de reconocer verdaderamente a quienes la habitan. Durante mucho tiempo pensamos la diferencia como una excepción, como algo que había que “atender” en algunos casos particulares. Hoy sabemos que la diferencia es la norma: niñas, niños y jóvenes aprenden, se comunican, se interesan y participan de maneras diversas.

Por eso sueño con una educación realmente inclusiva, acogedora y respetuosa; una escuela que se adapte a los tiempos y a las características de sus estudiantes, sin renunciar al desafío intelectual ni a la profundidad del aprendizaje. Una escuela donde la diversidad no sea vista como un problema, sino como parte constitutiva de cualquier comunidad educativa.

Sueño también con una educación que enseñe aquello que es relevante para la vida: a pensar, crear, convivir, cuidar, preguntar, argumentar y comprometerse con otros. Una educación que forme personas creativas, justas, éticas y sensibles a su entorno; capaces de imaginar futuros posibles, pero también de hacerse responsables del presente que comparten.